Una cultura de la velocidad: Anticipación, aceleración e individualización en la ciencia académica

En las culturas de investigación contemporáneas, así como en las sociedades industrializadas en general, a menudo no se cuestiona la práctica de “rápido siempre es mejor”. Por desgracia, ¿quién podría cuestionar un mayor conocimiento adquirido en un periodo de tiempo menor? Las narrativas acerca del papel indispensable de la ciencia en la sociedad, son a menudo narrativas sobre una necesidad urgente: Necesitamos entender más para curar, prevenir, construir, sobresalir y sobrevivir.

En particular hoy, los desafíos globales cada vez más urgentes, como el cambio climático, la rápida pérdida de la diversidad ecológica y la desaceleración económica, parecen demandar una respuesta instantánea; el rápido progreso científico se suele presentar como la única respuesta posible. Los principales ejemplos de esta retórica incluyen, por ejemplo, documentos de la política científica contemporánea de la Unión Europea, como Horizonte 2020. Sin embargo, al mismo tiempo, algunas voces en el mundo académico están cuestionando si una mayor velocidad en la investigación realmente nos ayudará a llegar a donde queremos ir.

La academia, argumentan, ya está dominada por una cultura de la velocidad que produce un creciente número de publicaciones, pero también margina el tiempo para el pensamiento creativo, lento y reflexivo. Los defensores de la «ciencia lenta» se preocupan de que la ciencia, al operar en condiciones aceleradas, pueda moverse rápido, pero sin rumbo claro y, por lo tanto, no necesariamente hacia los objetivos correctos. «Tengan paciencia con nosotros, mientras pensamos», así instan a sus lectores los autores de The Slow Science Manifesto (2010), enfatizando en la necesidad de un pensamiento lento y completo sobre los objetivos, medios y procesos para el avance beneficioso de la ciencia.

Mi interés en la ciencia lenta es académico y personal. Se basa en mi investigación sobre cómo las estructuras de una carrera profesional y las condiciones del trabajo en el mundo académico, afectan las prácticas de producción de conocimiento de los científicos en las ciencias biológicas. Comencé a experimentar el término «ciencia lenta» en 2010, en conversaciones con Jenny Reardon, Jake Metcalf y Martha Kenney, en el Centro de Investigación de Ciencia y Justicia, de la Universidad de California – Santa Cruz. Si bien, el término parece haber surgido de manera simultánea en diferentes contextos nacionales e intelectuales en ese momento (McCabe, 2012), en nuestro contexto, recordamos que fue acuñado, de forma bastante lúdica y casual en una conversación, por la académica feminista de estudios científicos, Donna Haraway, como posible antídoto al frenesí de la velocidad en la academia contemporánea. De esta manera, el término ciencia lenta puede abarcar muchas cosas, lo que es tanto una fortaleza como una debilidad. En el contexto de mi trabajo, [la ciencia lenta] sirve como una abreviatura de imaginarios, de una contracultura que se enfrenta a los actuales mundos de investigación de ritmo acelerado, orientados a la métrica que encontré en mi investigación. Estas culturas parecen adorar y premiar la competencia, la movilidad, el individualismo y la velocidad por encima de todo; eso exhibe, como lo expresó Barbara Adam, el «speed fetishism» (2003, p.101).

En el contexto de la cultura académica contemporánea (Power, 1997; Strathern, 2000), el ritmo acelerado del trabajo académico se refiere a un aumento de la producción académica, medida por una unidad de tiempo predefinida, por ejemplo, por año, como los datos producidos, los artículos escritos, los volúmenes editados, las propuestas presentadas, las conferencias impartidas, los estudiantes aprobados, etc. Aunque la calidad de los resultados sigue siendo un tema importante en las universidades contemporáneas, la pregunta de la cantidad, “¿cuánta producción por unidad de tiempo?”, se está convirtiendo en un criterio de evaluación cada vez más importante, particularmente en procesos como la contratación o la promoción de académicos.

En mi trabajo, he analizado los efectos de este enfoque, al aumentar el ritmo de las actividades académicas en las prácticas laborales de los aspirantes a científicos en las ciencias biológicas, en específico, de los investigadores postdoctorales. Reconstruyo dos modos particulares, a la luz del paradigma de la producción académica por unidad de tiempo, que han llegado a ser importantes: la Anticipación acelerada y la individualización latente. Estas orientaciones temporales, hacen eco de modos más amplios de la socialidad que caracterizan a las sociedades contemporáneas, como la anticipación (Adams, Murphy y Clarke, 2009), la aceleración (Rosa 2003, 2005) y la individualización (Beck y Beck-Gernsheim, 2002). Además, afectan profundamente el proceso social y epistémico del trabajo académico. Aunque este análisis se basa en la investigación cualitativa en las ciencias de la vida, considero que estas ideas son valiosas también para otros campos de la academia.

Anticipación acelerada

Los aspirantes a investigadores de las ciencias biológicas, por lo general trabajan en modo de anticipación acelerada. Los investigadores aceleran sus prácticas de trabajo, no debido a límites de tiempo (por ejemplo, un plazo específico, otra persona investigando exactamente el mismo tema, etc.), sino debido a una profunda orientación hacia la anticipación que sugiere que no importa la gran cantidad de trabajo que realicen, siempre hay formas de optimizar y obtener mejores resultados. La anticipación acelerada suele privilegiar preguntas de investigación y enfoques que resultan predecibles en términos de la evaluación de resultados; en el caso de proyectos con mayor incertidumbre epistémica y, por lo tanto, con mayor potencial innovador, son necesarias estrategias de manejo individuales sumamente elaboradas y agotadoras que escapan del espectro de la anticipación acelerada. La anticipación acelerada apunta a crear un futuro más manejable e improvisar la posición propia en una competencia fuerte y amenazante. Sin embargo, estos esfuerzos encaminados a superar el miedo a través de la inversión generalmente fracasan (Bröckling, 2007). En lugar de eso, el resultado de largas horas de trabajo e inversión de recursos personales es frecuentemente una visión estrecha sobre el futuro y un “círculo vicioso” de dependencia emocional e inversión en el éxito académico

Individualización latente

Un segundo enfoque conectado a la vida de investigación es la individualización latente. Este término intenta capturar cómo – bajo las condiciones de alta movilidad internacional, fuerte competencia y anticipación acelerada – las decisiones de los aspirantes a investigadores, en relación con su institución y grupo de trabajo, son fuertemente moldeadas por las consideraciones sobre el futuro propio, lo cual resulta excluyente con el contexto colectivo donde se desempeña el investigador. La latencia describe el estado de algo que aún no está ahí, pero que existe como algo que es probable en el futuro, lo cual influye directamente en el presente. En este caso, es el propio futuro del investigador el que tiene que prevalecer en el mercado de trabajo académico internacional, este se convierte en un punto de referencia crucial para las decisiones y acciones del investigador en el presente.

Esta orientación hacia el futuro individual guía la forma en la que los investigadores – particularmente durante el difícil periodo de postdoctorado – se relacionan con colegas, instituciones y grupos de investigación. A pesar de la existencia y el deseo por tener lazos emocionales reales, como la amistad y la lealtad, estos lazos son, con frecuencia, importantes recursos para la supervivencia académica. Un laboratorio de investigación es un buen lugar de trabajo solo sí permite mejores y más resultados de investigación en un menor periodo de tiempo. El trabajo en colaboración solo es llamativo si garantiza publicaciones en gran número o de alta calidad en los años venideros. Supervisar un estudiante es buena idea solo si la hay una alta probabilidad de que el trabajo del estudiante produzca publicaciones de coautoría. La necesidad latente de individualización gobierna de forma decisiva el presente y suele reducir las relaciones sociales a personas, grupos e instituciones que ofrecen una ventaja instrumental o técnica.

¿Qué significa para la academia la cultura de la velocidad?

Al caracterizar cómo el ritmo acelerado afecta el modo de ser y la relación con la academia, es importante llamar la atención sobre los efectos de una cultura de la velocidad. Si los investigadores necesitan pasar un número cada vez mayor de puntos de control en los que son evaluados según su productividad (por unidad de tiempo), los investigadores desarrollarán hábitos que les permitan acomodarse a dichas exigencias. Extrapolando mi investigación, esto puede significar una reducción de la complejidad de los problemas de investigación y una atención excesiva en cumplir con los indicadores de desempeño en detrimento de la originalidad; también puede significar un enfoque excesivo en el logro individual y la tendencia hacia la instrumentalización de personas e instituciones. Lo primero puede ser una amenaza para la inventiva académica (Osborne, 2003; Vostal, 2014); lo segundo una amenaza a la cohesión social, las relaciones entre pares y el intercambio de conocimientos en las instituciones académicas. Esta cultura también podría conducir a una pérdida de significado y a un aumento de las frustraciones entre los investigadores. Lo anterior ya es una realidad palpable. Muchos investigadores ingresan a las ciencias con una profunda fascinación por la exploración y el conocimiento, deseando contribuir al bien común. Luego, chocan de frente con la cultura de la velocidad basada en la competencia y se preguntan: Cui boni currismus? – ¿Para el beneficio de quién estamos compitiendo? ¿Es principalmente para el nuestro, en términos de nuestras carreras? ¿Es por el beneficio de la ciencia? ¿La economía? ¿El bien público? La respuesta a estas preguntas y sus alternativas en un principio podrán formarse solo provisionalmente y tal vez con una dosis de cinismo. Sin embargo, eso solo demuestra que ahora es el momento correcto para enfrentar dicha pregunta.

Traducción por el Quehacer Universitario. Artículo extraído del LSE Impact Blog, del London School of Economics and Political Science (LSE).

Sobre la autora…

Ruth Müller es Profesora Asistente de Política de Ciencia y Tecnología en el Centro de Tecnología en la Sociedad de Múnich (MCTS) en la Universidad Técnica de Múnich. Es investigadora en el campo interdisciplinario de Estudios de Ciencia y Tecnología (STS), con experiencia en biología molecular (MSc) y sociología (PhD). Dentro de su investigación, sus intereses incluyen el estudio de las interacciones entre la política científica, las normas y valores institucionales y la producción de conocimiento académico; desarrollo de la carrera académica; y la sociología y epistemología de las ciencias de la vida y la biomedicina.

Título original: A Culture of Speed: Anticipation, Acceleration and Individualization in Academic Science.